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Vilma Roussef y los derechos Afrobrasile├▒os


En la historia afroamericana, Brasil representa junto a Cuba, los dos países que abolieron la esclavitud más tardíamente. Ello condicionó la dinámica nacional en ambos países, dado el fuerte legado del condicionamiento racista en la relación capital y trabajo durante el período colonial, de independencia y toda la contemporaneidad.

El racismo se volvió una forma de jerarquización de la sociedad, declaró recientemente la mandataria brasileña. No sólo ha sido así, sino que el racismo estructuró los procesos de modernización y configuró el patrón de la exclusión abierta, solapada o legitimada en la instauración de las democracias, dictaduras y procesos de vanguardia política.

Recientemente la presidenta brasileña anunció una serie de medidas en el marco  del  acto de apertura de la III Conferencia Nacional de Promoción de la Igualdad Racial ,  evento en el que hizo mención del envío el 05.11.13, con carácter de urgencia al Congreso Nacional, del proyecto de ley con el que se pretende reservar el 20 % de las plazas de funcionarios del Gobierno a la población negra. En dicha Conferencia Nacional, defendió el  proyecto  y sostuvo que sirva de "ejemplo" para otros organismos públicos, los poderes legislativo y judicial, empresas y organizaciones privadas.

En esta perspectiva, el actual gobierno de Brasil manda un mensaje de conciliación a las mayorías de afrobrasileños que han protestado recientemente en las favelas y principales ciudades demandando mayores equilibrios de inversión por parte del Estado brasileño y especialmente atención a sus necesidades.

Desde finales del siglo XX y en especial durante la primera década del siglo XXI, la fórmula de la discriminación positiva representa el pacto "consensuado" para incorporar a los históricamente marginados de la educación oficial, salud, entre otros beneficios que para otros sectores de la sociedad son derechos normales garantizados. Sin embargo, en el caso brasileño, el 51% de la población se declara negra, mulata y Afrodescendiente. Esta propuesta política sale a la palestra en un período preelectoral de Brasil y trata de amarrar nuevas esperanzas en medio de una profunda desigualdad social que olvida dicha realidad entre la alienación de la samba y la ilusión de un deporte como el fútbol, como vía rápida para ascender socialmente en ese país.

Millones de brasileños han sido discriminados por el color de su piel, en palabras de su presidenta, esta es una "llaga" para Brasil y tal prejuicio demanda la aplicación de medidas y sobre todo acciones afirmativas que revierta esa realidad obvia.

En julio de 1991, en su gira por latinoamericana Nelson Mandela visitó Brasil, y unas de las principales quejas expuestas al líder sudafricano fue la existencia del racismo y la aplicación de sus mecanismos para impedir el desarrollo de este sector mayoritario de Brasil.

Para el pobre sea blanco, mestizo, indígena o negro los derechos le llegan por gotas reformistas en términos jurídicos por parte del Estado. Para los excluidos de la historia, la dignidad, los derechos y condición humana no se garantizan con la aplicación de acciones afirmativas, no integradas o coyunturales en las reglas de juego de la convivencia desigual de cómo se vive, come, educa y se reproduce el mismo ciclo de la explotación.

Lamentablemente cuando hay ausencia de voluntad política se dan dádivas con muchos intereses demagógicos, con el propósito de evitar explosiones sociales masivas que desafíen las injusticias y opresiones acumuladas durante las dictaduras y democracias.
   
Las recetas y experimentos de acción afirmativa han socio racializado cada país, en Brasil se han implementado dosificadamente, entre ellos tenemos: 1. Dar subsidios a la población negra de Brasil, según la propaganda oficial, estos han permitido salir de la pobreza a un 77% de ese sector. 2. Anunciar con sentido reinvindicacionista la creación de una dependencia del Ministerio de Salud dedicada en exclusiva a la población negra. 3. Ofertar tanto a las comunidades rurales negras, conocidas como "quilombos" y a las poblaciones indígenas prioridad en el programa de contratación de médicos en el extranjero,  para mejorar la salud pública en zonas remotas y pobres.  4. Estudiar por parte del Congreso la posibilidad de reservar escaños para ciudadanos negros. Cada una de estas iniciativas representa sin duda alguna "avances" coyunturales que no erradican la llaga histórica del racismo en ese inmenso país.

El racismo estudia, el capitalismo estudia la estructura de su dominación, la democracia brasileña estudia evitar su gran contradicción existencial al convivir con relaciones socioproductivas neoesclavistas. El gobierno estudia una vieja realidad afro numéricamente obvia. Todos estudian como perpetuar el circo con el pan y las feijoada  con un poco de concesiones de integración, asistencia compasiva y poca memoria.

Decía un viejo maestro, el racismo es la actualización de la injusticia profunda. En el caso de Brasil ese 51% de la población tiene una cita con el destino inevitable de su lucha. Continuar aceptando que sigan siendo invisibilizados, imposible.
- Fecha de publicaci├│n: 14 Nov 2013
- Publicado por: CEAA

Centro de Estudios de África, Asia y Diásporas Latinoamericanas y Caribeñas "José Manuel Briceño Monzillo"
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