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Burundi: Un frustrado golpe de Estado


Después de la segunda mitad de la década de 1960 en el continente africano emerge una nueva "clase política": los miliares. La misma empieza a cobrar vida como consecuencia de las frustraciones y la falta de consistencia en la finalización de los proyectos nacionalistas planteados durante las luchas anticoloniales que no lograron satisfacer las necesidades de las inmensas mayorías. Ante tal realidad, los golpes de Estado e insurrecciones con la intervención del ejército se convirtieron en una medida recurrente tras la búsqueda de engranar los retos que asumían las jóvenes repúblicas africanas. Esta forma de llegar al poder estaría a la orden del día en las diversas escenas políticas nacionales, lo que dio como resultado la conjugación del binomio dictadura-democracia como un elemento de trascendía en los sistemas políticos africanos. Así, esta dinámica que ha caracterizado la historia de África en los últimos años cobra plena vigencia, el ejemplo más contundente lo ofreció Burkina Faso con la salida de Blaise Compaoré a finales del 2014 después de 27 años en la presidencia, quien buscó la reelección modificando la constitución, generando acciones de calles violentas en la capital, Ouagadougou lo que derivó en su derrocamiento; capitalizada, al igual que el llamado "proceso de transición" por el alto mando militar de ese país.

Bajo esta dinámica, Burundi pequeño país del África central, ubicado en la región de los Grandes Lagos en los últimos días fue noticia. El intento de golpe de Estado al presidente Pierre Nkurunziza, el 13 de mayo del año en curso, mientras se encontraba en una reunión de la Comunidad de África Oriental en Dar es Salam (Tanzania) generó una crisis que ha impactado en todos los ámbitos de la vida nacional. La sacudida golpista estuvo liderada por un antiguo militar, Godefroid Nyombare, quien anunció la salida del mandatario generando confusión en la población burundesa por lo acelerado de los acontecimientos.

El intento de derrocar al  presidente Nkurunziza se produce luego que a finales de abril dirigentes del partido de gobierno (Fuerzas para la Defensa de la Democracia) lo postulara como candidato para un tercer mandato, considerado inconstitucional por la oposición, lo que desencadenó en acciones de calles en algunos sectores de la población en la capital Bujumbura, así como descontento en algunas facciones de las fuerzas militares opuestas al gobierno. Durante los dos primeros días del golpe los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad  leales al gobierno y los sublevados fueron intensos, cobrando la vida a tres generales reaacionarios, al igual que un número considerable de víctimas civiles que se habían sumado a la protesta. Sin embargo, la insurrección fue sofocada, retomando las riendas del gobierno Nkurunziza, al tiempo que fueron detenidos varios militares, entre ellos Nyombare quien se rindió luego de varios días de intensos combates, lo que ha permitido que vuelva la calma a las calles.

El alto costo que pagó el país luego de estos días de inestabilidad han sido de enormes proporciones por la violencia desatada, traducida en el desplazamiento interno de 50.000 burundeses que han huido de sus hogares, esto según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), siendo los países  receptores Rwanda, Tanzania y la República Democrática del Congo. En este sentido, los retos revisten complejidades en una sociedad que apenas hace una década celebró la firma del proceso de paz luego de librar  grandes conflictos durante la década de 1960, 1970 y 1980, que condicionaron la estabilidad sociopolítica. En definitiva, la situación es tensa, y las heridas apenas cicatrizan después del desgarrador capítulo librado entre hutus y tutsis en 1993 como uno de los conflictos interétnicos de mayor repercusión durante el siglo XX; por cuanto el genocidio de Ruanda produjo la tercera cifra más alta de víctimas de los conflictos comunitarios que ha habido en el mundo después de 1950.

Este nuevo capítulo de los golpes de Estado en África refleja una vez más la tesis de que en los países africanos del siglo XXI, aún la transición política es discontinua, apuntando ello a la convivencia con estabilidad de una parte de África con crecimiento económico ascendente y de otra África sumergida en las políticas del vientre, donde no hay más opciones que las armas como solución estructural.


- Fecha de publicaci├│n: 01 Jun 2015
- Publicado por: CEAA

Centro de Estudios de África, Asia y Diásporas Latinoamericanas y Caribeñas "José Manuel Briceño Monzillo"
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Universidad de Los Andes, Mérida - Venezuela