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La COP21

Demasiado tarde y demasiado poco, lo que se intenta lograr en la COP21 que tiene lugar en París en estos momentos. En efecto, la existencia del efecto invernadero, causa del calentamiento global, fue denunciada en 1824 por Joseph Fourier. Su denuncia y  argumento fue fortalecido aún más en 1827 y 1838 por Claude Pouillet, y luego fue sustentada con observaciones experimentales en 1859 por John Tyndall. Posteriormente fue más plenamente cuantificado en 1896 por Svante Arrhenius.

En los años 40 del siglo pasado, desarrollos en la espectroscopía infrarroja permitieron medir la radiación de onda larga, demostrándose que incrementar la cantidad de dióxido de carbono (CO2) daba lugar a una mayor absorción de radiación infrarroja. También se descubrió que el vapor de agua absorbía tipos de radiación totalmente diferentes de los que absorbía el CO2. Gilbert Plass resumió estos resultados en 1955, concluyó que agregar más CO2 a la atmósfera interceptaría la radiación infrarroja que al ser reflejada por los suelos terrícolas se devolvía al espacio, calentando así nuestra atmósfera.

Todavía entonces se sostenía que los océanos absorberían la mayoría del CO2, pero en la década de los 50 se demostró que el CO2  permanece en la atmósfera por al menos 10 años, y no se sabía qué sucedería cuando las moléculas de dicho gas se disolvieran en los océanos, hasta que se demostró que solo cerca de un tercio del gas sería absorbido por los océanos, desconociéndose cuál era la capacidad de los mares de retener el CO2 o si este sería devuelto en algún momento al espacio.

A fines de los 50 y comienzo de los 60 Charles Keeling empleó las tecnologías más avanzadas de la época para generar curvas de concentración para el CO2 atmosférico en la Antártida y Mauna Loa, mostrandon un enfriamiento paulatino, dando lugar al temor de que adviniera una nueva edad del hielo, e ignorándose, en consecuencia, los datos científicos de los 50 y 60 que demostraban el efecto invernadero, ofreciendo argumentos para el negacionismo climático.

Finalmente, en los 80 la curva anual de temperatura comenzó a ascender. Iniciando el cuestionamiento a la teoría de la nueva edad de hielo, y a fines de los 80 el ascenso de las temperaturas globales comenzó a hacerse tan drástico como para dar lugar al primer activismo contra el cambio climático. Al comenzar los 90, Time Magazine, en vez de elegir un "hombre del año", como hacía siempre, declaró a la "tierra en peligro" como "planeta del año" y, dedicándole la totalidad de ese número de la revista a los problemas ecológicos, predijo un drástico aumento del nivel de los océanos que cambiarían la demografía mundial y darían lugar a migraciones humanas sin precedentes.

El momento ideal para implementar medidas preventivas fue la década de los 70, pues Stephen Schneider había predicho el calentamiento global en 1976, transformándose en uno de los principales expertos en calentamiento global. Entonces se estaba a tiempo para desacelerar y posiblemente revertir el cambio climático. Pero hasta la década de los 90 el negacionismo climático impidió que se desarrollara cualquier iniciativa al respecto: los cambios necesarios implicarían un cambio tan drástico en los modos de vida de los pueblos del Primer Mundo, así como una renuncia a sus ambiciones por parte del Tercero, como para hacer que las mayorías miraran hacia otro lado. Y los medios de difusión de masas, por su parte, estando en manos del capital, se dedicaron a evitar mostrar el panorama completo de la crisis ecológica.

Ahora sabemos que el derretimiento de los casquetes polares, que se acelera día a día, está librando a la atmósfera el dióxido de carbono acumulado por millones de años, lo cual hará que el calentamiento global sea autocatalítico, o sea, que se acelere exponencialmente por un bucle de realimentación positiva (un bucle que crece a partir de su propia realimentación). Y los desastres atmosféricos han ido incrementando gradualmente su fuerza, lo cual hace prever un incremento exponencial de la destrucción ocasionada por los mismos.

En 1988 las Naciones Unidas crearon el Panel Intergubernamental sobre Calentamiento Global, que produjo sucesivos reportes en 1992, 1996 y 2001. Todavía entonces se podría haber actuado efectivamente, y aún hoy se podría hacer algo para atenuar el proceso y quizás lograr revertirlo a largo plazo, pero las medidas que se contemplan en París no son suficientes. Como lo expresa el International New York Times del 30 de noviemnre de 2015 ("Citing Urgency, world Leaders Converge on France for Climate Talks")

"Ya una serie de análisis han concluido que el mejor acuerdo que podría emerger de París cuando más podría reducir las emisiones por sólo la mitad del nivel requerido para evitar los peores efectos".

En efecto, como lo expresa Vox Explainers

"...estas promesas (hechas en la COP21) son risiblemente inadecuadas. Si damos por sentado que cada país sigue su compromiso al pie de la letra, las emisiones globales seguirían aumentando al menos hasta 2030, y estaríamos dirigiéndonos hacia un calentamiento global de 3º C hacia fin de siglo. Afortunadamente, eso sería una gran mejoría con respecto al calentamiento de 4º C para ese mismo momento hacia el que nos dirigimos actualmente. Pero no tan afortunadamente, implicaría ir más allá del límite de 2º C que por mucho tiempo se ha dado por sentado como un riesgo inaceptablemente riesgoso. Y eso no es bueno".

En efecto, el siguiente diagrama deja todo en claro ("Estimated global greenhouse emissions" significa "Emisiones globales de gases invernadero estimadas"; "In gigatons, CO2  equivalent" significa "equivalente a CO2 en gigatoneladas"; "Forecast effect on global temperatures" significa "Efecto previsto sobre las temperaturas globales"; "Current policy" significa "políticas actuales"; "New pledges" significa "nuevos compromisos [propuestos en la COP21]", y "Less than +2º C" significa "menos de +2º C"



Creer que con más tecnología resolveremos lo que la tecnología ha producido sería el error más terrible. Es lo que sucede con la propuesta de Putin de usar nanotecnologías para absorber el CO2 de los océanos. Y con el sueño de otros que piensan que la solución es emigrar a otros planetas —lo cual es simplemente imposible: quizás se podría enviar a unos pocos humanos a algún lugar en el espacio, pero no más que a unos pocos, y esos no podrían sobrevivir por mucho tiempo.

Sin embargo, aún así, es imprescindible que se llegue a algún acuerdo en la COP21; de lo contrario, habríamos asesinado a nuestros hijos y llevado a cabo, no un genocidio más, sino la extinción definitiva de nuestra propia especie.
- Fecha de publicación: 09 Dec 2015
- Publicado por: CEAA

Centro de Estudios de África, Asia y Diásporas Latinoamericanas y Caribeñas "José Manuel Briceño Monzillo"
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