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Ni disculpas, ni perdón. Sólo una ofrenda floral: Obama en Hiroshima



               La visita del presidente de los Estados Unidos a Japón está enmarcada en la gira por Asia que incluye una primera parada en Vietnam y la Cumbre Anual del G7 a realizarse en la península de Shima, cercana a la ciudad japonesa de Hiroshima.

              Muchas son las expectativas en el marco de esta visita, es la primera vez en 70 años luego de concluida la II Guerra Mundial que un Presidente de los Estados Unidos se acerque a una de las ciudades blanco de la bomba atómica lanzada bajo el mandato de Harry Truman, el único que autorizó el bombardeo nuclear en Hiroshima y dos días después en Nagasaki (con más de 200.000 muertos en total); con aún muchos sobrevivientes japoneses que viven en carne propia las secuelas de la radiactividad con manifestaciones de distintos tipos de cáncer y alteraciones en estados de salud muy críticos.

           El Secretario de Estado, John Kerry, el pasado mes de abril asistió a una reunión de Cancilleres del G7 en Japón, allanando así el camino acerca de la importancia de esta visita y significación simbólica de la misma en Hiroshima. Muchas opiniones han emanado en torno a la presencia del Presidente norteamericano, entre los cuales destacan: 1) Su negociación y firma del Nuevo Start, un tratado de reducción de armas nucleares que recorta el arsenal de las dos grandes potencias de la Guerra Fría a la mitad, es un gesto de medias voluntades para erradicar este mal que amenaza a la humanidad entera. 2) El discurso dado en la ciudad de Praga de resonancias históricas, donde se fijó como objetivo la desaparición de las armas nucleares, sigue siendo una expectativa que cada día transcurrido pasa a ser otra propuesta carente de verdad. Adicionalmente, debemos considerar que el acuerdo logrado con Irán de renuncia al arma atómica, en el marco multilateral del Grupo 5+1, (los cinco miembros del Consejo de Seguridad, todos con arsenal atómico, más Alemania). En suma constituyen gestos cuyo eje ordenador en la materialización de las voluntades son meras manipulaciones en el manejo de las relaciones internacionales. Vale aclarar a nuestros lectores que EE UU no ha reducido ni un centavo en su programa de renovación nuclear para los próximos 30 años, su monto actual alcanza un valor de un billón de dólares. 3) En el caso concreto japonés, algunos se preguntan si habrá la aplicación de la táctica aplicada en Cuba, una vuelta a la página en la historia de ambos países e iniciar una “nueva era”, especialmente con un tema tan sensible como el uso de las armas nucleares y haber sido la única nación en el planeta en sufrir las consecuencias de las armas. 4) Otros, esperan con renuencia un probable gesto curativo ante la opinión pública japonesa por parte del presidente Obama, como los de Willy Brandt en Varsovia o Helmut Kohl y François Mitterrand en Verdún; y 5) Unos van más allá y aspiran una expresión de perdón ante el pueblo japonés. Tal aspiración es poco probable ya que la Casa Blanca ha fijado posición al respecto. Ni disculpas, ni perdón será la postura norteamericana en Hiroshima. Vamos a cumplir 71 años en agosto próximo del fin de la guerra en Japón, cuyo factor decisorio fueron el lanzamiento de las dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Lamentablemente vivimos tiempos en que es fácil pasar la página de la historia sin asumir el compromiso integral de transformar la realidad actual en materia nuclear, es decir, hay muchos intereses de por medio con pocos avances en los tratados multilaterales pendientes, el de limitación de pruebas y el de producción de materiales nucleares; ni que decir de los resultados frustrantes en las conferencias de revisión del Tratado de No Proliferación cuyo resultado en el año 2015 no tuvo conclusiones. Para la Casa Blanca es más fácil cumplir con un gesto de una ofrenda floral en el Memorial de Hiroshima. Las flores siempre han sido utilizadas como objeto para gestos, ofrendas y expresión de sentimientos, pero el pueblo de Hiroshima y japonés no se hacen ilusiones con el mandatario norteamericano. El Museo de la Paz en Hiroshima y los sobrevivientes de los ataques nucleares son memoria viva del horror causado por Estados Unidos. Flores sin compromisos ni memoria histórica, no bastará para enmendar el daño causado. Las almas de los miles de muertos de Hiroshima y Nagasaki están más presentes que nunca en la conciencia del pueblo japonés y del mundo. Aunque muchos se empeñen en dejarlos de lado en el pasado, tan fácil como pasar la página de un libro y sin rectificación, seguirá siendo una afrenta a la vida de la humanidad ahora mismo y en su futuro próximo.
- Fecha de publicaci├│n: 26 May 2016
- Publicado por: CEAA

Centro de Estudios de África, Asia y Diásporas Latinoamericanas y Caribeñas "José Manuel Briceño Monzillo"
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