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Declaración de Paz de Nagasaki
Tomihisa Taue
Alcalde de Nagasaki

“No más hibakusha



Estas palabras expresan el sentido deseo de los hibakusha de que en el futuro nadie más en el mundo vuelva a experimentar el catastrófico daño ocasionado por las armas nucleares. Este verano, este deseo ha movido a muchas naciones del mundo y ha resultado en la creación de cierto Tratado.

El Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares, el cual evidentemente prohíbe el uso de las armas nucleares y además su posesión y despliegue, fue aprobado en el mes de julio por 122 naciones, un número que representa más del 60% de los Estados miembros de las Naciones Unidas. Ese fue el momento en que todo el esfuerzo hecho por los hibakusha tomó forma.

Me gustaría llamar a este Tratado, el cual menciona la lucha y sufrimiento de los hibakusha, el Tratado Hiroshima-Nagasaki. También me gustaría expresar nuestra más profunda gratitud a todas las naciones que promueven este Tratado, a las Naciones Unidas, a las ONGs y a otros que han actuado con tan vigoroso coraje y determinación para librar al mundo de armas que van en contra del espíritu de la humanidad.

Sin embargo, esta no es nuestra meta final; aún hay alrededor de 15.000 armas nucleares en el mundo. La situación internacional en lo que respecta a las armas nucleares se está volviendo cada vez más tensa. Un fuerte sentimiento de ansiedad se está apoderando del mundo y en un futuro no tan distante estas armas podrían, de hecho, ser usadas otra vez. Además, los Estados que poseen armas nucleares se oponen a este Tratado así que no se avizora un fin en el camino por conseguir “un mundo libre de armas nucleares”, cuyo alcance es nuestro objetivo. La raza humana debe encarar la interrogante de como este esperado Tratado puede ser utilizado para alcanzar progresos futuros.

Por este medio quiero hacer la siguiente solicitud a los Estados que poseen armas nucleares y a aquellos que se protegen en el paraguas nuclear. La amenaza nuclear no terminará mientras las naciones continúen aseverando que las armas nucleares son esenciales para su seguridad nacional. Por favor, reconsideren las políticas de protección de sus naciones a través de las armas nucleares. El Tratado de No Proliferación Nuclear obliga a todos sus Estados miembros a alcanzar el desarme nuclear; por favor, cumplan con esa obligación, el mundo entero espera por sus valientes decisiones.

También tengo una solicitud al gobierno japonés. A pesar del hecho de que el gobierno japonés ha declarado que ejercerá liderazgo para promover un mundo libre de armas nucleares y que servirá de puente entre los Estados poseedores de armas nucleares y aquellos que no las poseen, su postura al no haber ni siquiera participado en las negociaciones diplomáticas para el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares es bastante incomprensible para todos aquellos que vivimos en las ciudades que sufrieron bombardeos atómicos. Como el único país en el mundo que ha sufrido bombardeos atómicos en período de guerra, pido al gobierno japonés a que reconsidere su política de confianza en el paraguas nuclear y que se una al Tratado de Prohibición de Armas Nucleares lo más pronto posible; la comunidad internacional está esperando por la participación de Japón.

Asimismo, le pido al gobierno de Japón que reafirme al mundo su compromiso con el carácter pacifista de la constitución japonesa, el cual renuncia de manera firme a la guerra y da seguimiento estricto a los tres principios No-Nucleares. Con una política específica que represente un paso adelante hacia el alcance de un mundo libre de armas nucleares, el gobierno ahora debería actuar en la examinación de la concepción de una “Zona del Noreste Asiático Libre de Armas Nucleares”.

Hay algo que nunca olvidaremos: el hecho de que a las 11:02 a.m. del 9 de octubre de 1945 una bomba atómica explotó en el aire justo sobre la colina donde estamos reunidos ahora, ésta mató e hirió a 150.000 personas. Durante ese día, la furiosa explosión y los rayos de calor redujeron la ciudad de Nagasaki a tierra carbonizada. Había personas a las cuales les colgaba la piel en tiras y las cuales deambulaban por la ciudad en ruinas buscando a sus familias. Una madre estupefacta permaneció al lado de su hijo que había sido carbonizado. Cada esquina de la ciudad parecía un paisaje del infierno. Una por una, muchas personas murieron pues no pudieron obtener atención médica. Incluso ahora, 72 años después de aquel día, el daño como resultado de la exposición a la radiación continua destrozando los cuerpos de los hibakusha sobrevivientes. La bomba atómica no sólo robó de manera indiscriminada las vidas de queridos familiares y amigos que siempre habían estado uno al lado del otro, ésta también devastó la vida de aquellos que sobrevivieron.

A los líderes de todas las naciones del mundo les digo: por favor, vengan y visiten las bombardeadas ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Quiero que vean lo que pasó aquí en la tierra debajo de la nube en forma de hongo, no desde una perspectiva lejana, quiero que todos vean con sus propios ojos, escuchen con sus oídos y sientan con sus corazones cuan cruelmente la bomba atómica pisoteó la dignidad de seres humanos. Quiero que se imaginen como se sentirían si sus familias hubiesen estado en Nagasaki ese día.

Cuando las personas han experimentado algo doloroso tienden a cerrar ese recuerdo en sus corazones y se niegan a hablar de ello; esto sucede porque hablar sobre aquello conlleva recordarlo. El hecho de que los hibakusha hayan continuado hablando de sus experiencias cargando consigo cicatrices físicas y mentales duraderas representa un acto de humanidad para proteger nuestro futuro con determinación, haciendo los más grandes esfuerzos para propagar su mensaje.

Hago este llamado a todas las personas del mundo, las cosas más aterradoras son la apatía y el olvido. Vamos todos a pasarnos la batuta de la paz que hemos recibido de los hibakusha y de aquellos que han experimentado la guerra y que de esa forma pueda ser llevada al futuro sin problemas.

La novena Conferencia General de Alcaldes por la Paz se está llevando a cabo actualmente en Nagasaki. Muchos representantes de pueblos y ciudades que tienen dolorosos recuerdos de la guerra y de lucha civil participan en esta red de 7.400 municipios. En solidaridad con nuestros amigos de Alcaldes por la Paz, enviaremos desde Nagasaki al mundo entero el mensaje de que con esfuerzos mancomunados y un compromiso inquebrantable, incluso los llamados de paz de pequeños pueblos pueden proveer un ímpetu fuerte para el progreso global, así como los hibakusha nos lo han demostrado.

“Nagasaki debe ser el último lugar que sufra un bombardeo atómico”. Estas son las palabras que los hibakusha han repetido continuamente hasta quedar afónicos. Probaremos que sus palabras son un deseo común y la ambición de toda la humanidad.

La edad promedio de los hibakusha ahora excede los 81 años. La “era en que los hibakusha todavía están con nosotros” está llegando a su fin. Yo solicito fuertemente que el gobierno japonés mejore la asistencia dada a los hibakusha y que provea alivio a todos aquellos que vivieron el bombardeo atómico.

Ya han pasado seis años desde el accidente de la planta nuclear de Fukushima. Como una ciudad que ha experimentado la amenaza de la radiación, apoyamos a las víctimas de la Prefectura de Fukushima y les ofrecemos nuestro apoyo.

Por este medio rindo tributo a la memoria de todos aquellos que perdieron su vida durante el bombardeo atómico y declaro que nosotros, los ciudadanos de la ciudad de Nagasaki, uniremos nuestras manos con todas las personas alrededor del mundo que rezan por un mundo libre de armas nucleares y continuaremos trabajando sin descanso para el alcance de la abolición de las armas nucleares y de una paz perpetua.          
- Fecha de publicaci├│n: 25 Sep 2017
- Publicado por: CEAA

Centro de Estudios de África, Asia y Diásporas Latinoamericanas y Caribeñas "José Manuel Briceño Monzillo"
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